Los poderes del mal y otras narraciones




Escribir en nuestros tiempos es una tarea bastante ingrata, sobre todo cuando es el mismo autor quien tiene que subvenir todos los gastos editoriales. Sin embargo, esto tiene poca importancia para el lector, lector que a propósito está en vías de extinción. Entonces, ¿por qué insistir en escribir? Debe ser algo innato en muchos, o una necesidad en varios como la de respirar. Supongamos este mi caso.

La trilogía de historias que reúno en el presente volumen está en el orden literario de novelas cortas o nouvelle, un género que Cortázar definió ‹‹A caballo entre el cuento y la novela››.  Los poderes del mal y Destinos, caen en esta variedad, mientras Criptograma es la típica especie de cuento.

Ahora bien, cada una nació en sí bajo parámetros diferentes: en Los poderes del mal aconteció que leyendo a Stepehen King, decía –refiriéndose a sus novelas–, que más que pensar en una trama, sus mejores historias surgieron de la pregunta que solía hacerse: ¿Qué pasaría si de pronto?... Así, en lugar de una calculada intriga, asociaba ideas con este procedimiento despertando la imaginación. Confieso que el método me sedujo y con la pregunta en el aire me dije cierto día: ¿Qué pasaría si desprevenidamente un amigo te recoge en un coche y más adelante la policía le hace un registro de rutina al vehículo y encuentra camuflado un cargamento de cocaína? El pasajero ajeno e inocente de todo queda envuelto en una encrucijada y los acontecimientos pueden ser diversos.

La elaboración y estructura de la obra no dejaron de ser arduas, además del trabajo investigativo para el caso. Había estado leyendo a John Grisham, con varios bestsellers a cuestas tales como El rey de los pleitos, abogado él de la universidad Estatal de Mississippi, quien afirmó que, no obstantes las múltiples correcciones, no dejaban de escapárseles lapsus en el intrincado estadio de la legislación. Si esto lo dice un erudito como Grisham, que se me perdonen por adelantado los posibles errores de procedencia en la materia, pero la autenticidad de la obra la hará sostenerse por sí sola.

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