La esperanza en los animales





Nos cuentan que un niño nacido en el umbral del llano colombiano, con más exactitud en Villavicencio, departamento del Meta, desde los cuatro años comenzó a contarle historias a su madre, poco antes de irse a dormir.

Ella, al percatarse de que eso no era normal, es decir, que su hijo le narrara historias que no estaban escritas en ningún libro ni que las había oído de nadie ni visto en la televisión, las fue transcribiendo en hojas y luego en cuadernos, que finalmente terminaron en un computador.

Poco a poco, por diversas circunstancias y felices coincidencias, las estrellas de la buena suerte se alinearon, y cuando el niño –Juan David Botero Ospina– cumplió los nueve años, publicó su primer libro, ¡con más de veinte de sus narraciones!, que fue lanzado en la Feria Internacional del Libro de Bogotá.

Y como el chico siguió su incontenible proceso de narrar, armó otra historia, esta vez mucho más extensa, hasta que se convirtió en su segundo libro, que publicó gracias (como siempre) al esfuerzo de sus padres.

El libro, que apareció un año después del primero, lo presentó en la siguiente versión de la misma Feria. Ah, y al igual que el anterior, también en varios actos públicos en su ciudad natal.

Y ahora, a menos de un año del segundo, escribió su tercer libro, que lanza en la presente versión de la Filbo.

Este último texto –que usted tiene en sus manos– nació de la inquietud que le generó una imagen de televisión, y que se convirtió en el primer párrafo de su historia: “Yo pensé que a los secuestrados no los volveríamos a ver. Pero un día, cuando los liberaron, vi en la televisión que llegaron con animales, y me imaginé que éstos se habían vuelto su familia, y me llegó una pregunta: ¿qué sucedió en la vida de aquellas personas cautivas en la selva con esos animales?

En ese punto, Juan David decide buscar a algunos de los ex secuestrados, a quienes entrevista basado en su obsesión: los animales. Indagó con detalle sobre la relación de los cautivos con los animales, sus historias, anécdotas, reflexiones, hasta que logró armar su nuevo libro.

Al presente texto –como a los anteriores– se le ha respetado íntegramente su originalidad, y solo ha tenido mínimos ajustes de puntuación, ortografía y –en casos obligados– de sintaxis.

Así, desde el título (que siempre se empeña en defender como un animal herido en la selva), hasta el punto final, son de su entera autoría.

Respecto del autor, es importante aclarar que nunca se ha pensado ni hablado de un niño-genio, porque si algo tiene claro Juan David, es que él no es un superdotado ni mucho menos. Simplemente sabe que como cualquier niño de su edad, tiene una imaginación desbordada que aprovecha para crear, generar ideas y narrar historias todo el tiempo.

También sabe que ha contado –como infortunadamente no ocurre todos los días en nuestro país– con la suerte de estar rodeado de una familia que, de la manera más amorosa e inteligente, lo ha apoyado, y de un círculo de personas que lo ha estimulado y acompañado en su proceso creativo.

Y es consciente que la tarea que le sigue no es nada fácil. Leer, investigar, observar, analizar, son algunos de los verbos que debe seguir cultivando si quiere –como todos esperamos– que su ruta y su ejemplo sigan trazando nuevos horizontes. Solo con estas armas logrará atravesar esa dura prueba que en breve tiempo experimentará, al entrar al escabroso mundo de la adultez.

Esperamos que sus palabras nos sigan llevando –como a su cómplice progenitora– por el camino de los sueños, poco antes de irnos a dormir.

Jaime Fernández Molano

0 comentarios:

Dí lo que piensas...